Tengo una teoría: la Costa Brava es tan magnética que, a veces, nos hace olvidar que su belleza y potencial no se acaba en la arena de la playa.
Y esto tiene un riesgo:
no estar ofreciendo algo que te haría vender un viaje que realmente recuerden.
A menudo, al diseñar rutas desde la distancia, tendemos a quedarnos en los puntos más conocidos. Es normal y comprensible.
Sin embargo, cuando conoces el territorio, sabes que hay mucho más.
En el caso de la Costa Brava, muchos viajes podrían ofrecer más.
Combinando la esencia de la costa con la fuerza del interior de Girona y del Empordà, por ejemplo.
Participando en un taller de cocina donde los viajeros preparon los platos junto a la chef en su propia casa. Una masia tradicional rodeada de naturaleza. Un lugar mágico de acceo restringido donde, tras la clase, comparten mesa con ella y su marido, quien se encara de seleccionar personalmente los mejores vinos.
Visitando un molino de aceite con un carácter único alejado de los circuitos convencionales. Una experiencia que puede elevarse a un nivel superior de exclusividad con una visita privada a la casa y el jardín del propietario.

Descubriendo proyectos y personas donde el contacto con la tierra es total. Desde disfrutar de una comida privada compartiendo mesa con los propietarios de una granja, hasta participar en catas de productos suyos y otros de la zona.
Gastronomía en la intimidad.
Contrastes de alto valor.
Patrimonio vivo.
En un mercado lleno de propuestas similares, ofrecer esta profundidad y acceso es lo que te puede diferenciar y te ayuda a fidelizar a tu cliente.
Si quieres dar solidez a tus propuestas, escríbenos. Estaremos encantados de ayudarte a diseñarlo.
Un abrazo des de los Pirineos y el interior de Girona,
Pepo


